Después de mucho pensarle, aquí está...
El secreto? Abrir los ojos en vez de cerrarlos... dejar de pensar babosadas y concentrarme...
Y salió todo esto:
El No-Hacer
Escribo de mí desde que tengo 15 años… al principio lo hice como una necesidad de escapar, o tal vez de dejar plasmada una parte de mí en un cuaderno que sabía que algún día alguien en algún momento iba a leer. Empecé a escribir porque (según yo), iba a suicidarme, porque (según yo) mi papá no me quería y porque (también según yo) vivir en mi casa era un infierno, así que elegí una amiga, que (según yo) era la mejor amiga que podía tener, y empecé a escribirle cartas.
Finalmente, y evidentemente, no me maté. Yo creo que nunca planee hacerlo en realidad, pero estaba en una etapa en la que me gustaba darle ese toque melodramático a todo lo que pasaba en mi vida. Después de terminar de escribir el primer diario, pensé que sería buena idea continuar escribiendo por si en algún momento me convertía en mamá, para que –no sé porqué se me ocurrió eso- pudiera “comprender” a mis hijos, recordando todas las locuras que yo misma había hecho…
El caso es que escribir de mí, poco a poco se fue convirtiendo en un hábito, y después en una costumbre. Poco a poco fui explorando mi personalidad a pedacitos, unas partes más que otras… a veces superficial totalmente, a veces como un desahogo; y me di cuenta de que escribiendo podía no sólo plasmar sentimientos, ideas, vivencias, experiencias, sino que también servía para conocerme. No sé qué tan buena soy escribiendo, no me juzgo, simple y sencillamente dejo que las palabras fluyan, y las voy almacenando, antes en cuadernos y ahora en mi blog, como un testigo mudo de quién soy yo.
A veces, cuando encontraba a alguien muy significativo en mi vida, le permitía leer algunos fragmentos de mis diarios, era algo así como “la prueba de mi confianza”. Ahora, con mi blog, hay ocasiones en las que me nace “cortar y pegar” alguna entrada para que alguien especial la lea, aunque muy pocas personas tienen la dirección para ingresar en él, precisamente porque hay veces que escribo de cosas muy íntimas, privadas, a veces dolorosas, y el hecho de hacerlo público me da una sensación de vulnerabilidad, que por el momento no quiero tener en mi vida…
Y como escribo desde hace un poco más de 15 años, escribir nunca había sido un problema para mí… hasta ayer.
Resulta que decidí entrar a un Diplomado en Psicoterapia Humanista Gestalt. Son 12 módulos, un módulo por mes, y el mes pasado fue la primera vez que fui. Ahora que lo pienso definitivamente llegué con una necesidad fuerte de platicar lo que me estaba pasando, de gritarlo, de llorarlo y de trabajarlo, por eso, cuando pidieron un voluntario, inmediatamente me ofrecí.
Y lo trabajé. Lo trabajé tanto, que desde ese día se me acabaron las lágrimas y encontré tranquilidad. Lo trabajé tanto que de pronto me sentí vacía, sin nada que sentir, sin el rencor que llevaba casi un año sintiendo.
El caso es que como parte del Diplomado, debemos hacer una tarea por cada Módulo. Cuando me comentaron que la tarea sería escribir sobre algo que nos detenía en la vida a lograr nuestras metas, pensé “guau, qué fácil, a mi me encanta escribir” pero ahora llevo dos días, sentada frente a esta computadora y simple y sencillamente no me salen las palabras.
Había pensado que a mí me detenía el enojo, quería hablar de mi papá biológico, de mi papá de crianza, de Rosa Luz, de otras cosas y echarles un pedacito de culpa por detenerme para hacer lo que siempre he querido hacer, pero honestamente, después de haberlo trabajado en el diplomado, me doy cuenta de que no puedo estar repartiendo culpas, y de que es momento de asumir MI propia responsabilidad en MI vida, porque no es de nadie más, ni de mi mamá, ni de mi esposo, ni de mis dos papás, ni de mis hermanos, ni de nadie. Sólo mía.
Hablando con total honestidad, creo que lo que siempre me ha detenido para hacer las cosas, es mi flojera, mi apatía en la vida. Es sólo eso, porque además he comprobado una y otra vez que me siento muy bien conmigo misma cuando logro hacer algo. El problema es decidirme a empezar algo, decidirme a hacer las cosas. Creo que sumado a flojera y apatía, pondría también desidia.
Y ejemplos tengo muchos.
Dos de ellos, muy recientes. El primero: salí hace 1 año de la Universidad, en diciembre de 2010. Hice mi examen en mayo y me entregaron mis resultados en julio de 2011. Después de que salí me propuse iniciar los trámites para mi titulación. La pagué, metí lo de mi servicio social, fui a que lo liberaran, y todo quedó listo, lo único que me faltaba, era entregar las fotos para el título.
Como no tengo blusa blanca, no me las he sacado. A esto me refiero. Me choca mi flojera, mi apatía, mi convencerme de que nada es urgente, de que todo puede esperar. Sólo me falta sacarme unas malditas fotos, y llevo 7 meses dándole largas a ese asunto, siendo que para estas fechas ya debería tener el título en mis manos.
Hace dos días, mi esposo le dijo a mi tía que por favor me prestara una blusa blanca, para que dejara de poner pretextos. Hace dos días, me levanté muy temprano y me fui a sacar las fotos, ¡POR FIN!, y además aproveché para hacer un trámite en el Banco, y luego regresé a mi trabajo y me sentí TAN bien, ¡de verdad!. Y me encanta esta sensación, y siempre que llega a mi cuerpo me repito que debo hacer las cosas para seguirme sintiendo así, pero a los dos minutos, busco cualquier otro pretexto para no hacer alguna otra cosa.
Ejemplo 2: Quiero ser mamá. Toda la vida he querido ser mamá. Que lo disfrace con un “me chocan los escuincles” no significa que yo no quiera tener mis propios escuinclitos. Sin embargo, volvemos al mismo caso que el anterior… ¡la apatía!.
Cuando era una adolescente, descubrí que aquello que le pasa a todas las mujeres, a mi no me pasaba nunca. No tenía menstruación. Un día, platiqué con mi mamá y me llevó a un ginecólogo, y ahí empezó el peregrinar de doctores y tratamientos, que siempre empezaba pero que nunca terminé.
Fuimos con uno, con otro, con otro y con muchos más. Hombres, mujeres, jóvenes, viejitos, caros, baratos, y siempre era pasar por lo mismo: estudios, más estudios, ultrasonidos y tratamiento hormonal.
Empezaba a tomar mis pastillas y de repente, me aburría de tomarlas y suspendía todo.
Meses después, tenía que buscar otro doctor, porque me daba pena volver a ir con el mismo y decirle “ups, ya no me tomé el tratamiento”, así que cambiaba de doctor.
Así fue mi vida desde 1995 hasta el 2000- 2001, un poco antes de casarme, que de repente, un día decidí así de la nada dejar de presionarme (no sé qué me presionaba según yo, pero me quise quitar presión), y suspender todos los tratamientos. Hablé con mi esposo, le dije que seguramente no iba a poder tener bebés, y él me dijo que por él estaba bien.
Nos casamos, vivimos muy felices (bueno, así se dice, obviamente no hemos vivido siempre felices, a veces nos enojamos, y me cae gordo y yo le caigo gorda, pero son gajes del oficio, el chiste es que seguimos juntos y yo lo sigo amando mucho), pero hace como un año, saliendo de la Universidad, empecé a escuchar un reloj en mi cabeza: tic-tac, tic-tac, y supe que era el tiempo para mí.
Ahora, llevo un año escuchando el reloj, sabiendo que es tiempo, y ¿acaso he movido un dedo para embarazarme?...
Bueno, si, ya moví uno, el 23 de diciembre pasado, fui a Perinatología a una consulta de exploración para ver si me aceptaban como paciente. Pero me rechazaron que porque tengo IMSS. Ahora, ¿acaso he movido otro dedo para embarazarme?
La respuesta es NO.
Y opciones hay muchas. Está Mexfam, está el ginecólogo de una amiga, de otra amiga, de la amiga de la amiga, la clínica a la que fue el conocido, y una larga lista de etcéteras, sin embargo, no hago nada.
ESO ME CAGA DE MI. ¡No poder iniciar las cosas! Ser floja, ser desidiosa, ser apática. Eso es lo que me ha detenido siempre. Eso es lo que me detiene ahora y ni siquiera sé por qué, o mejor dicho, para qué.
Quiero un bebé. Y me paraliza tanto el miedo de no poder tenerlo, que en lugar de meterme a un tratamiento, prefiero dejar que pase el tiempo y no hago nada. A lo mejor es eso, a lo mejor detrás de esa flojera, en realidad se esconde el miedo. No sé si eso sea posible o no, pero sé que hay una fuerza que me detiene y no me deja dar un paso más. Y todavía tengo esa sensación tan buena de cuando hago las cosas, y no entiendo porqué no puedo iniciar algo más.
Es como cuando voy a correr. Mi esposo me ruega todos los fines de semana para que corra con él. Yo casi todos los fines de semana le digo que prefiero dormir. De vez en cuando, voy a correr con él. Y después de correr los tres kilómetros, y de hacer ejercicio, me siento increíblemente bien. Y le prometo que la próxima semana volveré a correr con él, le digo que ya voy a entrenarme, que voy a correr con él una carrera, aunque sea de 5 kilómetros. Que me siento muy bien y que no me costó trabajo.
Llega el lunes y me muero de flojera. Así pasa toda la semana. Llega el fin de semana y con él, el ruego para ir a correr. Me tapo la cara con el edredón. “Tengo mucho sueño, amor, prefiero dormir”. Van a pasar dos o tres meses antes de volver a correr con él.
Eso simple y sencillamente no lo entiendo de mí. No me gusta. Me choca.
Bueno, con decir que cuando por fin, después de haber abandonado una carrera a medio camino, decidí entrar a estudiar de nuevo, mi propio tío apostó que no iba a terminar, porque siempre he sido inconstante.
Obviamente, mi graduación fue la más esperada. Y lo logré y me sentí muy bien, pero de nuevo, algo pasa, cualquier cosa, y vuelvo a caer en lo mismo. En el No-Hacer, en el Que-Hueva, en el Después-Hago, Después-Voy, Después… después, y así pasan meses.
Definitivamente esa ha sido la única constante en mi vida. El No-Hacer. Eso es lo que me ha detenido y bloqueado para realizar mis metas, para cumplir mis objetivos.
Creo que detrás de todo eso podría estar el miedo, pero si es así, entonces me preocupa porque entonces tengo un miedo irracional por todo.
Lo que he hecho para tratar de sobrellevar mi No-Hacer, es ponerme metas a corto plazo, en las que ni tenga tiempo de pensar una excusa o un pretexto para sabotearme a mí misma. Por primera vez he durado más de un año en un trabajo, y la forma en la que lo hago, es contando por meses. Voy mes por mes. De esta manera no empiezo a maquilar pretextos para salirme. El día que me fui a tomar las fotos del título, pedimos la blusa el martes en la noche, y el miércoles me levanté muy temprano y me fui con mi esposo a su trabajo. De esta manera no pude inventar nada, no pude poner ningún pretexto para no tomármelas.
Además, he detectado que en este tipo de casos, cuando empiezo con el No-Hacer, me funciona mucho estar acompañada por alguien. Como que me da más valor, o me motivo más o no sé qué es lo que pasa, el caso es que para mí es más fácil.
Lo importante de esta tarea, sería, creo yo, no sólo detectar qué es lo que me está deteniendo, sino además, buscar una solución para que ese “algo que me está deteniendo”, no lo haga más. El problema es decidirme a hacer. Vencer la flojera, vencer la desidia, la apatía, y cambiar ese No-Hacer, por un Hazlo-Ahora.
Indudablemente un reto muy interesante.
En fin…
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
CaSa RaíZ... DóNDe LoS SueÑoS CoMiENZaN...
Y de repente, y sin darme cuenta... digo que sí. Recibo una llamada. Me invitan a integrarme como Psicóloga... y vamos otra vez... pero esta...
-
30. Ayer viví una de esas noches mágicas, que vale la pena escribir, porque vale la pena recordar... No sé si se repita... pero tampoco me i...
-
No... No murió... Lo mataron. Las muertes en mi vida han ido de menos a más... - Mi abuelito Pepe... Recuerdo haber llorado un poquito...
-
Estoy a punto de caer. Puedo sentirlo. Últimamente todo ha sido tan plano. A veces pienso que yo misma estoy provocando que Enrique se vaya...
No hay comentarios:
Publicar un comentario