Y de repente no supe que pasó.
Llegué a Vallarta con LA actitud, conseguí un trabajo, otro y otro más.
Es una chulada. No tengo jefes aquí, tengo una oficina para mi sola, no tengo presión, no tengo estrés, no tengo mucha carga de trabajo, sólo tengo que contestar los pocos correos que llegan y tengo que entregar recibos los 15 y 30 de cada mes.
Pero de pronto, algo se apoderó de mi y no me deja moverme...
No voy a entregar los recibos, no visito a mi cliente.
El trabajo me vale madre.
Así.
No encuentro otra palabra ni otra descripción.
Y toda la gente me dice lo afortunada que soy por conseguir trabajo luego luego y yo pienso dentro de mi, que me vale madre.
Me vale madre porque Mario me mando a la mierda y porque no sé que estoy haciendo sin él. No sé si venir a Vallarta fue lo mejor, si estar tan lejos es lo mejor... no sé para donde voy, no sé que hago. No sé que estoy haciendo platicando con un chavito de 25 años que ni siquiera me define qué somos.
No sé nada.
Y el trabajo es LO QUE MENOS ME IMPORTA.
Pero ya lo voy a cuidar.
Desde el próximo lunes.
LO PROMETO.
Hoy, estoy rara.
Cansada. Y quiero sexo. Quiero portarme mal. Quiero perderme y dejar de pensar pendejadas.
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