
Señor Ángel... Don Ángel.
Así se llamó.
Me dejó horas de risas y de pláticas con la voz más alta que de costumbre para que escuchara bien... y el tradicional pollo con mole para su cumpleaños.
Me dejó Vallarta y el contemplar a los delfines y decir que ya se siente perfecto, sólo porque me escuchó.
Hoy lo extraño.
Odio recordar nuestra despedida.
Odio que se haya tenido que ir y que yo no haya podido acompañarlo ese día... Odio que esté muerto, y que no hayamos podido platicar más.
Hoy es uno de esos días tristes, en los que no entiendo.
Y le llamé. Quise decirle que siento mucho lo de su papá. Esta vez no peleamos. Le pregunté cómo estaba y me contó que ahí la lleva, mas o menos, sin dinero pero pues luchando cada día. Mi EX Mario... Ahora somos sólo dos extraños con miles de recuerdos en común, me dice que no sabe qué pasó... sé que está llorando, puedo sentirlo... y yo le digo que fue sólo que se enamoró de alguien más. Quiero que diga que no es cierto. Pero no lo dice.
Me duele.
Le digo que se cuide y que crea en él... que confíe. Que ya es todo un abogado, que nada de hacerse chiquito, que debe salir de su zona de confort. Pienso en Darío. Es otro Mario. Regreso a la plática y le digo que ni hablar, que lo que pasó ya pasó y no podemos hacer nada. Le digo que ahora soy otra, que ya no veo televisión y escucho mucha música... que mis gustos se refinaron. Pregunta porque, y no tengo corazón para decirle que Enrique casi diario me manda canciones...
Le contesto con un no sé.
Y empezamos a despedirnos. Le digo que en memoria de su papá ya no voy a pelear con él. Que va a estar bien, que debe creer en si mismo. Lo escucho quebrarse... lo escucho llorar.
Quiero abrazarlo.
Demonios, creo que todavía quiero abrazarlo!
Pero luego recuerdo que no luchó. No movió un dedo. Y me sigo despidiendo hasta que casi aprieto el botón para colgar...
Respiro.
Estoy sola.
Justo le digo que lo de Enrique no va a ser para siempre. Omito la parte en donde le digo que Enrique quiere ser papá algún día y yo no he podido embarazarme y no creo poder hacerlo. Omito la parte en donde le digo que mi corazón va a volver a romperse y no sé si después de eso voy a tener fuerzas para pegarlo otra vez...
Le digo que gracias a Enrique hoy estoy bien y que es buena ondita, que me ha enseñado a cómo quiero ser tratada y que yo ya no voy a aceptar menos. Pero 10 años, son 10 años.
Sigue llorando. Puedo sentirlo.
Y le digo que me disculpe, que no era mi intención hacerlo sentir mal.
Me despido otra vez y cuelgo.
Ya no lloro.
HOY extraño al Sr. Ángel.
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