domingo, 19 de febrero de 2017

UnA TaRdE En La SaLa

Poco a poco voy entrando en su mundo.
No es sado, porque el dolor no es algo que le excite... es el placer...
El verme disfrutar, el saberme suya...
Es estar en la sala con su mamá, hermana y novio de hermana, y pedir que me toque para él, mientras mira de reojo su celular...
Y le hago caso. Todavía no sé porqué, pero también me excita la idea... y mientras paso mis dedos por el pubis, puedo sentir que me estoy mojando. Sigo... poco a poco voy metiendo uno de mis dedos, despacito... lo saco de mi, y lo pongo en mi boca. Lo chupo y sé que él me está viendo... pienso que es su dedo... o su pene... y me aseguro de llenarlo de saliva para volver a meterlo en mí...
Me pide que yo misma me de una nalgada.
Lo hago sin dudar, sin preguntar, sin pensar.
Quiero llegar al climax, y no me importa gritar mientras llego.
Sé que él está escuchando y eso me prende muchísimo.
Mi cuerpo responde.
Se moja.
Mi espalda se arquea y empiezo a sentir esos choques eléctricos que empiezan en los pies.
Aprieto las piernas, con mi mano adentro, y empiezo a moverme sin ningún control.
Es dueño de mi.
De mis orgasmos.
De mis sueños y de mis pláticas nocturnas.
Empiezo a gemir...
Sé que está escuchando y no puede hacer nada.
Sé que también quiere tocarse.
Y me muero porque me penetre y me llene de él.
De su esencia... de su alma, de su pene.
Me dejo llevar.
Termino para él, pero también para mi...
Me hace sentir cabronamente loca y sexy y cachonda y mojada y querida.
Nadie como él.
Y de verdad lo quiero.

En fin.

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