Todos los días prometo que no le voy a escribir al Chef, y todos los días me descubro pensando si le escribo o no. El otro día le pregunté que qué tal el trabajo. Ayer nos fuimos a la playa y subió un estado, que le comenté con una manita aplaudiendo.
Hoy desperté y procedí a borrar el chat como todo el tiempo que le escribo, porque por alguna razón, en mi cabeza pienso que si no veo su chat, no voy a escribirle, ni me voy a acordar de él todo el tiempo, no sé, raro, el chiste es que lo borré... y de repente...
Y claro, como siempre no contestó... mamones, así, como me gustan... pero va a caer... y cayó...
Y me decidí...
No me importa nada!!!... Me decidí... es mi última oportunidad y voy a aprovecharla... cuando el Chef venga por su regalo, lo voy a abrazar y no voy a soltarlo... lo voy a abrazar y me voy a llenar de él, de su olor, de su cuerpo, lo voy a abrazar y le voy a decir que a mi si me importa... que puede venir a la hora que él quiera y cuando él quiera... y luego, lo voy a dejar ir... voy a jugar esa última carta, y lo voy a dejar ir... si Jorge Marley quiere estar en mi vida, va a estar en mi vida... yo voy a dejar de mandarle invitaciones porque a estas alturas ya debería saber.
Y si no aguanta un estúpido ataque de risa, entonces no sabe quién soy. Y en este punto sé que voy a encontrar un gran amor para mí, sea Jorge o no sea Jorge... alguien que tome mi mano, que trabaje a la par o más que yo, que me consienta, que me apoye, que me haga sentir la puta diosa del lugar, que me trate con amor, que tenga su vida hecha y que esté loco por mí. Si el Chef quiere, el puesto está vacante, pero no puedo hacer más. Si no quiere, voy a dejarlo ir, y voy a seguir buscando, porque no me voy a cansar de buscar, sé que hay alguien para mí allá afuera.
En fín.





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