Hace unos días le escribí y le dije que la había dejado. Me dijo que se la guardara, que vendría por ella. Ayer perdí la esperanza.
La pulsera es mía. Me la regaló. No vendrá. Terminó. Fue una noche, una noche muy bonita, pero sólo eso, una noche y ya. Aunque le duela a mi ego en este momento.
Y ahora tengo una pulsera en mi mano izquierd, junto con la de mi contrato.... esa pulsera me recuerda que soy merecedora y que el 31 tiene que ser mejor que el 30.
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